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Ruslan Galasov

MELANCOLÍA, CÓMO NO...Óscar Alonso Molina (Madrid, mayo de 2003)

Para los hombres fatales, todos los acontecimientos, incluso los más tristes, y quizás 'sobre todo éstos', son necesarios al desarrollo de esas fuerzas ocultas que hay en ellos. -Giorgio de Chirico- Del convulso panorama artístico ruso durante las dos o tres primeras décadas del siglo pasado nos llegan noticias contradictorias y sorprendentes -algunas ciertamente maravillosas-; señales casi todas ellas de una auténtica vitalidad espiritual que agitó por un tiempo la idiosincrásica indolencia y melancolía de ese país. Eran tiempos heroicos, se dice ahora, para unas artes y una literatura que sin perder de vista sus propias tradiciones folklóricas entraban en contacto con las manifestaciones más innovadoras de Francia y Alemania, esforzándose por conjugar ambas dicciones de manera original, esto es: auténtica, asumida. Algo que no siempre se consiguió sin caer en cierto impulso mimético o, en el peor de los casos, un lamentable solecismo que no sostiene nuestra mirada décadas después sin cierto arrobo. Pero cuando el encuentro se produjo de la manera más feliz, sincrética, amalgamándose ambos hasta llegar a formar un todo sin fisuras donde los modos de la leyenda, el pasado nacional y sus costumbres y estilos se fundían con la quimera del futuro que los revolucionarios imaginaban al alcance de todos pero inalcanzable, el resultado no deja de deslumbrarnos aún hoy. Luces y sombras, tenebroso decir de las imágenes... trasfondo jánico de lo que hoy reunimos bajo la idea de La Modernidad, y cuyo desarrollo en el terreno del arte vio en Rusia/URSS la encarnación emblemática de su destino fatal, como bien se pude rastrear a partir de la sucesión de propuestas antagónicas que, por regla general, sostuvieron la esperanza de ordenar los mundos de la vida a imagen y semejanza de ese ambiguo y maleable modelo que podría llegar a ofrecer el arte conducido. Es lo que Jean Clair ha visto de una forma tan sesgada, pero no sin cierta razón, cuando escribe: "Acabar con Viena y construir una autopista por encima de su Gran Canal, quemar los museos y sus obras maestras, llevar a juicio a los grandes escritores, excomulgar a sus pares: los proyectos de la modernidad en arte rebosaban de proezas que provocan aún hoy la incredulidad y el regocijo de los estudiantes. Los desastres espirituales que los heraldos de la vanguardia habrían podido cometer si se hubieran hecho con el poder, se asemejaría a los cometidos unos años más tarde por la modernidad en política." Lo cierto es que los acontecimientos se sucedían a una velocidad irresistible y apenas había tiempo para pensar: en 1912 Larionov, Goncharova, Malevich y Tatlin rechazando las influencias "occidentales" (es decir, fauvista y expresionista), despejaban el camino para su Cubo-futurismo, Rayonismo y Suprematismo; tan sólo cuatro años más tarde la Asociación de Artistas de la Rusia Revolucionaria (AKhRR) rechazó el arte abstracto, anticipando los principios básicos del Realismo Socialista; en 1917, empapados de un entusiasmo generalizado en el cual los artistas abrazaban la idea de un arte popular partícipe activo en la reconstrucción social revolucionaria, Gabo, Pevsner, Sytenberg, Barnoff-Rossiné, entre otros muchos, regresan de Occidente; en 1921 los mismos Gabo y Pevsner, junto a Chagall y Kandinsky abandonan el país; en 1932, por decreto del Comité Central del Partido Comunista de la Unión, se disuelven todas las organizaciones literarias y artísticas, fundándose una única Unión de Escritores (solución parecida se propondría para las artes, aunque ésta no se llevó a cabo hasta 1957)... Valga este excurso porque ante estos cuadros de Ruslan Galasov con que ahora les dejo no he podido dejar de preguntarme la historia que cuentan silenciosamente y que sospecho responsable de su tristeza latente. Esa mixtura habitual en él de paisaje y naturaleza muerta, amasados ambos con una pasta densa y llenas de oscuridades; lo mismo que esas cabecitas a lo Modigliani, ligeramente ladeadas en una postura de abandono o ensimismamiento, sus miradas soñadoras, su mínima sonrisa que está a punto de ser otra cosa..., desasosegantes. "La melancolía es mi alegría / y la inquietud mi descanso", decía Miguel Ángel.

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"Flores con frutas"
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"Un hombre. 2002"
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"Camino"
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"Mujer tumbada"
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"El baño"
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"Familia y toro. 2000"
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"Figuras"
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